Paisano de Hurlingham

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Cebame un par de mates, Catalina

8 de Julio, 2008 · Sin comentarios aún

Mientras me relamo los labios, así, por afuera, y siento esta saliva un poco pastosa que me sorprende, ahora, a las 19.49 de esta tarde de martes, previo a un feriado, a un año de la mítica tormenta de nieve que nos dejó tapados con un metro de blanco por más de un mes (y a mí más que a cualquiera, porque chez moi estuvo feo en serio: cómo no recordar todo ese mes, acá o allá -porque todavía no me había mudado-, tapado por la nieve, sin comida, sólo, sin escuchar a nadie), siento con los pies el piso, que está bastante frío, y me topo con la pila de libros que todavía se niega a levantarse del piso. De repente, mientras me acercaba un poco enojado a ella, como para reprocharle algo, saltó a mis manos este libro, el de la Historia de la Eternidad, y así, de súbito, apareció frente a mí el índice que él nos ofreciera tan amablemente (como el título del post preanuncia), de las metáforas que se deben emplear, según le fue dicho a  Hler en su visita a los dioses en la fortaleza de Asgard. Desde ya,  cualquier colega de este Paisano de Hurlingham sabrá que estamos hablando de las kenningar, aquella poesía que la tierra de Björk nos supo entregar, allá por el año 1000 (Claro está, junto con el canto de ballenas en cuerpo de mujer).

Este tiene sus orígenes en Hurlingham, lo acabo de terminar.

 

 

La fuerza del arco y el cisne sangriento se encontraron

Con el castillo del cuerpo como objetivo.

El rocío del trigo de los lobos les iluminó la noche.

Luego oyeron al hermano del fuego.

 

 

Para mayor facilidad de comprensión, aclaro lo metafórico.

 

 

El brazo y el buitre se encontraron

Con la cabeza como objetivo.

La sangre del muerto les iluminó la noche:

luego, oyeron el viento.

Tags: Bajo la cama

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