Erdosain

Retorno tras unas semanas a la mesa de luz. Mientras tanto, noto cómo en tan pocos contactos he reiterado autores; tengo el impulso de aclarar que desconozco si hay más motivos que la atracción que generan sus nombres cuando miro hacia la biblioteca. Quizás es a quienes más recuerdo; intentaré clarificar las ideas y en el futuro sacar alguna conclusión más enriquecedora. Hasta entonces descripciones de entorno ocuparán estos más que innecesarios “prólogos”.

Pensando en Arlt, y en la dedicatoria de El Jorobadito, recordé a Los Siete Locos (1929

                                                        

“Se pasaba el día en la cama con los puños apoyados en la almohada y la frente aplastada sobre estos. Otras veces permanecía horas con los ojos clavados en la pared, por la que le parecía trepaba una delgada neblina de sueño y de desesperación.

Durante aquel período no pudo nunca reconstruir el semblante de Elsa.

-Se había alejado tan misteriosamente de mi espíritu, que me costaba un gran esfuerzo recordar los rasgos de su fisonomía.

Luego dormía o cavilaba.3 Trató, aunque inútilmente, de preocuparse de dos proyectos que consideraba importantes: el cambio electromagnético para máquinas de vapor, y el de una tintorería de perros, que lanzaría al mercado canes de pelambre teñida de azul eléctrico, bulldogs verdes, lebreles violeta, foxterriers lilas, falderos con fotografías de crepúsculos a tres tintas en el lomo, perritas con arabescos como tapices persas. Estaba intranquilo; una tarde se durmió y tuvo este sueño:

Sabía que era novio de una de las infantas. Este suceso acompañado del hecho de ser lacayo de su majestad, Alfonso XIII, le regocijaba inmensamente, pues los generales le rodeaban haciéndole intencionadas preguntas. Un espejo de agua mordía los troncos de los árboles siempre florecidos en blanco mayor, mientras que la infanta, una niña alta, tomándole del brazo, le decía ceceando:

-¿Me amáis, Erdosain?

Erdosain, echándose a reír, le contestó con grosería a la infanta: un círculo de espadas brilló ante sus ojos y sintió que se hundía, cataclismos sucesivos desgajaron los continentes, pero él hacía muchos siglos que dormía en un cuartujo de plomo en el fondo del mar. Tras del vidriado ventanuco iban y venían tiburones tuertos, furiosos porque sufrían de almorranas, y Erdosain se regocijó silenciosamente, riéndose con risitas de hombre que no quiere ser oído. Ahora los peces del mar estaban tuertos, y él era Emperador de la Ciudad de los Peces Tuertos. Una muralla eterna circundaba el desierto a la orilla del mar, el cielo verde se oxidaba en los ladrillos del muro…

Nota del Comentador: Refiriéndose a estos tiempos, Erdosain me decía: “Yo creía que el alma me había sido dada para gozar de las bellezas del mundo, la luz de la luna sobre la anaranjada cresta de una nube, y la gota de rocío temblando encima de una rosa. Mas, cuando fui pequeño, creía siempre que la vida reservaba para mí un acontecimiento sublime y hermoso. Pero a medida que examinaba la vida de los otros hombres, describí que vivían aburridos, como si habitaran en un país siempre lluvioso, donde los ratos de la lluvia les dejaran en el fondo de las pupilas tabiques de agua que les deformaban la visión de las cosas. Y comprendí que las almas se movían en la tierra como los peces prisioneros en un acuario. Al otro lado de los verdinosos muros de vidrio estaba la hermosa vida cantante y altísima, donde todo sería distinto, fuerte y múltiple, y donde los seres nuevos de una creación más perfecta, con sus bellos cuerpos saltarían en una atmósfera elástica. Entonces me decía: Es inútil, tengo que escaparme de la tierra“

Esta entrada fue publicada en Mesa de Luz. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Add Music To Your Comment

Clear All

Selected Songs (0): Allowed A Maximum Of 1