Probablemente este post tenga algo de innecesario, algo de intrasmitible, algo de inmediato, algo de… ridiculez. Pero un instante de meditación me basta para no poder desestimarlo por eso; al menos en honor de cierta coherencia que me hace preguntarme por qué no desestimé los anteriores, a los que, sin excesivos ánimos de autocrítica, puedo caracterizar de la misma manera.
En resumen, la publicación tiene sentido en vistas del anticuarismo que, creo, sugerí en gran parte del sitio. Me la explico también en relación a que ese anticuarismo, tiene mucho de ayuda, y poco de búsqueda: creo que es una imposición de mi experiencia en los placards físicos, con los que convivo. Es cierto: que en este caso los objetos estén directamente atravesados por personajes, a diferencia de los anteriores -donde la penetración era un roce, era el uso, era una preexistencia silenciosa-, me genera un poco de resquemor. Independientemente de qué es lo que susciten en mis pagos, creo que pueden generar en los transeúntes – que los sé conocidos, asiduos, previsibles- una duda, una intriga que explique, que obligue a comprender un poco el vicio de este Paisano de Hurlingham por el papel viejo, por el objeto silencioso.
Un poco recurrente, un poco vanidoso, tomé una licencia, hacia el final. Veo, con cariño, mi gesto (un poco vanidoso) de recobrar la fotografía como inmortalización (sic), más que como evento o circunstancia.
Con menos cariño, menos vanidoso, me pregunto si mi anticuarismo no será consecuencia de saberme últimamente más eventual, más circunstancial, y menos inmortalizable. Ja.
PS: Las fotos, en la mesa de siempre: manta del Mercado de Brujas (20Bs) sobre lapacho de demolición.







yo opino que se debe al dejarse influir, y fluir.
quizás.